Botswana – parte 2

marzo 27, 2016

Nos levantamos muy relax, con tiempo suficiente para desayunar, empacar darnos nuestro último fix de internet por algunos días salir a nuestra siguiente parada.

Nos llevaron al aeropuerto de Kasane. Muy dentro de mi estaba algo decepcionado por que la descripción del tour mencionaba un airstrip, y resulta que entre los esfuerzos que está haciendo Botswana para promover el turismo están en plena construcción de un aeropuerto nuevo. Me lo imagino como del tamaño del aeropuerto de León, simple y chico pero efectivo.

Mientras esperábamos nuestro vuelo, en la TV nos enteramos de los acontecimientos en Bruselas y ese fue nuestro último contacto con el mundo real por los siguientes días.

Cuando nos toco el momento de abordar, vimos que nuestro avión era lo suficientemente amplio para llevar 5 elefantes, 2 adelante y 3 atrás, tan amplio como un VW.

El piloto se presentó como Chris, y tenía una cara de niño que no podía con ella. Luego luego mi familia se lanzó a la cábula, preguntándole cuantos años tenía y si tenía permiso para volar, la cual esquivó con gracia, diciendo que mejor nos apuráramos por que tenía que regresar a clases. Nos ganó.

El vuelo un poco turbulento, pero con una vista increíble. Hasta el horizonte no se veía otra cosa que verde en todas tonalidades, de repente se alcanzaban a ver algunos depósitos de agua, donde los animales se reunían a beber.

El vuelo duró una hora, y la aterrizada para mi beneplácito efectivamente fue en una franja de tierra en medio de la nada. Ahí nos estaba esperando nuestro nuevo Guía Obee (que se pronuncia Obi, as in Obi-wan Kenobi), listo para llevarnos al nuevo campamento, el Sango Safari Camp.

Sobrevolando África

En el Sango Safari Camp, nos recibió el Staff con una canción y una bebida fría, me imagino que ya tienen bien ensayado y lo hacen para todo, pero es buen detalle.

El lugar tiene 6 tiendas y tiene un cupo máximo para 12 personas. Las tiendas también son de madera con muchas ventanas de mosquitero para dejar pasar el aire. Cada una muy civilizada con su baño particular y electricidad.

La manager del lugar nos recibió y nos leyó la cartilla: no se beban el agua de los baños, ya que es de río y nos puede caer mal, la levantada es muy temprano (5:30 a.m.), nadie puede andar solo en la oscuridad, para ir o regresar de tu cabaña en la noche es necesario un guía de escolta, a la alberca se puede ir solo, pero siempre hay que avisar. El bar esta siempre abierto, si no hay nadie a la mano, por favor sírvete. Los cuartos no tienen enchufes, así que si alguien quiere cargar sus aparatos lo tiene que hacer en el área común. Ni sueñen con internet, están de vacaciones y, la lavandería está incluida, pero no se lava ropa interior.

El campamento estaba muy cerca de una aldea, el guía nos platicó que cada campamento tenía que buscar gente local para emplear y de no encontrar a nadie, entonces ya buscaban en otro lado.
También nos platicó que justo la noche anterior habían encontrado huellas de León por la aldea, eso era raro, por lo que dedujeron que podría ser un animal viejo, buscando presa fácil como perros. (O turistas… D:)

Area Comun

Llegamos al campamento muy a tiempo para el té de la tarde, una tacita y un par de bocadillos después, y ya estábamos en el Game ride de la tarde.

El Game ride en Sango, era justo como me había imaginado la experiencia, aunque si la zona estaba muy verde y con vegetación, había muchos mas llanos y áreas abiertas que en Chobe. Y el jeep podía improvisar mas en el terreno.

El drive empezó “flojo” vimos algunos impalas y muchas aves variadas y bonitas. En el peor de los casos nos iba a tocar ver algunos animales y un atardecer espectacular, así que yo iba de muy buen humor.

Entonces aparecieron los cheetas. Dos cheetas que se pusieron encima de un montículo para estudiar el terreno. El guía estacionó el jeep a unos 20 metros y corrió la voz. Estuvimos admirándolos por varios minutos, hasta que llegó un pájaro a postrarse cerca de ellos, el guía nos aviso que los cheetas se iban a mover por el pájaro, acto seguido el pájaro hizo un ruido y los cheetas se fueron. Esto básicamente, por que el pájara llamó la atención y los hizo visibles al resto de los animales. Algo así como 1,2,3 por los cheetas que están en la loma.

Posando para los turistas

Seguimos el paseo y nos toco ver hipopótamos, jirafas ya mas de cerca, y hasta nos volvimos a encontrar a los cheetas, además de que efectivamente el atardecer fue un espectáculo impresionante. Tan bonito que me hizo enojar :p

De regreso al campamento, pasamos a nuestras respectivas cabañas a hacer base y esperar a que alguien fuera por nosotros para cenar.
Mi cabaña estaba a 5 metros del área común, y ciertamente no veía yo mucho riesgo, decidí sentarme a escribir en la terraza con vista al río mientras pasaban por mi, en cosa de minutos eso ya estaba oscuro como boca de lobo, y al primer gruñido de la oscuridad, decidí mejor esperar adentro.

La cena estuvo muy íntima e internacional, todos los huéspedes comimos en la misma mesa y platicamos de nuestras experiencias. Una pareja de holandeses que nos habíamos encontrado antes, nos platicaron que habían visto una familia de leones bebiendo en el río Chobe, el día anterior.

Después de la cena hubo una pequeña sobremesa en fogata, a la luz de la luna llena y las estrellas del hemisferio sur.
Pedí que me escoltarán a mi cabaña y me dormí entre el calor y el sonido de los grillos y ranas.

Desperté en la madrugada por el sonido de gruñidos, justo afuera de la tienda. Me confundí (por no decir me asusté), faltaba poco para la hora de despertarse y no sabia si prender la luz, asomarme o que hacer. Me asomé por la ventana y no vi nada. Supuse que eran hipopótamos y sus gruñidos se escuchaban muy muy cerca. Espere un rato y escuche ruidos en la cabaña de junto. Decidí que como el baño estaba en el lado opuesto al río, era seguro bañarme. Y ya que escuche voces cerca y había un poco de luz del alba, me armé de valor y salí de mi cabaña.

Ya en la seguridad de los números, con luz, y sin ningún hipopótamo a la vista, nos reímos nerviosamente.

Antes de salir al drive de la mañana, tomamos un desayuno ligero de café y panecitos tostados a las brasas de la fogata durante el amanecer. Uf. Me volví a poner de malas de lo bonito.

Salimos en el drive mañanero a eso de las 6 a.m., los europeos se fueron en un jeep y nosotros en otro para cubrir mas terreno. No habían pasado ni 20 minutos cuando el guía encontró huellas frescas de León, avanzamos en silencio y Tania lo alcanzó a ver en una sombrita. A diferencia de Brave, nuestro nuevo guía Obee, estaba un poco miope, por que conforme nos íbamos acercando a tres metros del lado derecho del jeep había otro león echado cómodamente.

Nos detuvimos en seco, mientras por el lado derecho del jeep se acercaba decididamente un elefante.

Leones por un lado, elefante por el otro, el elefante quebró de último momento y los leones se levantaron y se pasearon despreocupadamente junto al jeep. Momentos de tensión total. Me quedó claro por que no lavan calzones en los campamentos

Seguimos a los leones por un rato, hubo un momento en que se pusieron entre dos grupos de impalas y pensamos que probablemente íbamos a ver acción. El guía nos dijo que el impala es un animal muy pequeño, y el león normalmente no gasta energía en cazarlo. Efectivamente, los impalas estaban vueltos locos, haciendo ruidos y toreando a los leones y los leones ni enterados siguieron su camino.

Pasen a ver al León

Luego de seguir a los leones, seguimos para ver que mas podíamos ver. Llegamos, literalmente a la casa de la hiena, y la saludamos. También vimos Zebras y mas impalas. En un pedazo difícil del camino, finalmente se atascó en jeep y hubo que llamar al otro para que nos sacara del lodo.
Pasadas las emociones hicimos nuestra obligada parada para tomar te y galletas.
Todavía de regreso vimos muchas zebras, changos, antílopes y algunas jirafas. Fue una muy buena mañana.

De vuelta al campamento tuvimos nuestro brunch, y luego un rato libre, que fue aprovechado por una siesta colectiva, digo, si los animales de la jungla no salen a mediodía, quien soy yo para desafiar a la naturaleza. Después de la siesta estuvimos a gusto recibiendo la brisa en el área colectiva, hasta la hora del high tea a las 3:30 y nuestra siguiente actividad: mokoro

El Okavango Delta es un río que se nutre de la lluvia, y no va a dar a ningún mar (!). Es pura agua dulce con pocas corrientes y la forma en que los locales lo transitan es a bordo de Mokoro.

El mokoro, es una canoa tipo traginera personal donde uno se sienta mientras un gondolieri va a atrás, balanceando la canoa y explicando el paisaje.

Primero nos dieron una platica de seguridad, la primera regla es no ponerse nervioso, ya que después de todo el agua en esta temporada no es nada profunda. También te explican que hacer en el remoto caso de que se aparezca un hipopótamo o un cocodrilo.

Afortunadamente los únicos animales que vimos fueron libélulas, mosquitos y muchas aves. Pero lo realmente espectacular fue el manto de lirios en flor que cubría el río. Eso aunado a la luz dorada de la tarde y un agua clara y transparente que reflejaba como espejo lo convirtió en una experiencia sublime (se me están acabando los adjetivos para este viaje).

Al principio iba bastante tenso. Sentado en el piso de la canoa sentía que si parpadeaba en un ojo y otro no, era suficiente para voltear el Mokoro. Mi guía me tranquilizó y casi lo logró. Mi tía Lilia igual se estresó cuando una rana le brinco a bordo, pero no paso a mayores.

Después de un rato de navegar hicimos una escala para estirar las piernas. Mas nos tardamos en desembarcar el mokoro que nuestros guías en convertir la canoa en una mesa y sacar una hielera con snacks y bebidas. En serio que piensan en todo. Después de unos tragos y una explicación sobre el cráneo de un hipo que estaba ahí casual. Regresamos a la luz de otro atardecer espectacular. Que pinche coraje, ¿que no puede haber un atardecer feo aquí?… Me volví a poner de malas 🙂

Okavango

Por la noche tuvimos otra dosis de estrellas, cena y platica con los demás huéspedes, muy rico. Aprendimos el término Botswanesco para decir Salud!: Pula! Que también es el nombre de la moneda y el termino para lluvia.

Esa noche no hubo canto de hipopótamos.

El desayuno fue igual de temprano e igual de bonito, alrededor de la fogata viendo el amanecer. A pesar de que iba a pasar la avioneta temprano por nosotros, Obee se ofreció a darnos un drive tempranero antes de dejarnos en el airstrip.

Volvimos a ver a los leones del día anterior, esta vez un chango apática do montado en un árbol se la paseo toreándolo.
De broma le dijimos al guía que nos hacia falta ver un leopardo, se lo tomó muy en serio y no descansó hasta encontrar huellas y tratar de seguirle la pista.
No tuvimos tanta suerte y solo vimos unas zebras y algunos antílopes.
Llegada la hora nos dejaron en el airstrip, no sin antes tomar el té de la mañana, por supuesto.

En el camino al airstrip llegó la notificación al radio de que los leones habían cazado una zebra y se estaban alimentando. Tristemente ya no teníamos tiempo de regresar a ver.

Todavía mientras despegamos alcanzamos a ver a dos leones junto a la pista, que fueron a despedirnos <3.

Slideshow de Fotos en Flickr:

Botswana 2016 - Moremi

Puedes ver al álbum completo dando click aquí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *